Entre dolor y lágrimas, familiares, amigos y jugadores despidieron a Santiago Castrillón el joven promesa del fútbol que falleció tras desplomarse en una cancha de la ciudad de Bogotá.
Varias personas se reunieron para despedir a Santiago en medio de una calle de honor, globos y flores blancas.
El cuerpo del joven santandereano llegó tras cinco días de espera marcada por la angustia y la incertidumbre. No era el regreso que soñaban, pero sí el necesario para empezar a sanar.
Entre lágrimas, abrazos y un profundo silencio cargado de dolor, sus seres queridos se preparaban para despedirlo como se lo merece, aferrados a la esperanza de que, como lo expresó su abuela Nancy Rodríguez, “Santiaguito por fin descanse en paz”.
La emoción se desborda en cada palabra de quienes lo amaron. Para su familia, Santiago no solo era un joven lleno de sueños, era el alma del hogar, el motor que los impulsaba cada día.
“Era nuestro orgullo, nuestra columna vertebral, lo era todo”, recordó su abuela con la voz entrecortada, evocando a ese muchacho humilde, noble y lleno de ternura que dejó una huella imborrable en sus corazones.
Su ausencia duele, pero su recuerdo se mantiene vivo en cada historia, en cada risa compartida, en cada instante que hoy se convierte en memoria.
Desde muy joven, Santiago demostró que su pasión por el fútbol iba más allá de un simple sueño. Con apenas 13 años partió hacia la capital para vestir los colores de Millonarios FC, llevando consigo la ilusión de triunfar y el orgullo de representar a su tierra.
Entrenadores, jugadores y amigos acompañaron a Santiago en las honras fúnebres
Edgar Moreno coordinador del grupo base de Millonarios recordó a Santiago como un joven ejemplar, disciplinado y dedicado a su carrera como futbolista, además resaltó el espíritu de nobleza que siempre lo caracteriza, eso sin dejar atrás su amor por su familia, especialmente sus padres quienes le brindaron cariño, apoyo incondicionalmente.
Para Santi era importante compartir tiempo con su familia, por eso cuando tenía alguna oportunidad viajaba a la tierrita a saludar a sus papás y hermanos, porque sabíamos que Santiago era un joven disciplinado y responsable que jamás nos dio un problema, o un disgusto, nada que nos hiciera arrepentirnos de traerlo a la ciudad de Bogotá, por el contrario estábamos contentos, porque era una buena persona”.
Hoy, el dolor no solo embarga a su familia, sino también a todo el fútbol santandereano, que lamenta la partida de una de sus jóvenes promesas. En su casa, los trofeos que ganó permanecen intactos, como testigos silenciosos de su dedicación y talento, brillando con la misma intensidad con la que él iluminó la vida de quienes lo rodeaban.
A sus 18 años, su vida se apagó de manera repentina, dejando inconcluso un camino que apenas comenzaba, pero que ya estaba lleno de esfuerzo, disciplina y amor por el deporte.
Santiago ya no está físicamente, pero su luz, su esencia y su sueño seguirán vivos en cada recuerdo, en cada lágrima y en cada corazón que hoy lo despide con un amor infinito.