Barichara

Barichara al límite por crisis del agua: Alcaldía responde, pero sin apoyo nacional no hay solución

ACUEDUCTO DE BARICHARA

Barichara enfrenta alerta sanitaria por IRCA al 60% y riesgo de gastroenteritis; la veeduría denuncia zonas rurales y exige inversión y apoyo nacional.

Alcaldía de Barichara Barichara enfrenta una crisis real en la calidad del agua. Aunque hay acciones en marcha, la solución depende de inversión nacional y departamental urgente para modernizar todo el sistema.

Una grave alerta sanitaria se encendió en Barichara tras revelarse que el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA) alcanzó el 60%, una cifra catalogada como riesgo alto, según el más reciente reporte del Instituto Nacional de Salud.

El indicador, que mide la probabilidad de afectaciones a la salud por consumo de agua, ubica al municipio en un escenario preocupante, donde pueden presentarse enfermedades como gastroenteritis e infecciones intestinales, especialmente en población vulnerable.

Denuncias y preocupación comunitaria

Durante un plantón ciudadano, la veeduría del agua advirtió que la situación podría ser más crítica en zonas rurales, donde cerca de 1.700 familias reciben agua sin tratamiento adecuado desde la represa administrada por Acuascop.

Según líderes sociales, análisis independientes han detectado presencia de bacterias como E. coli, asociadas a contaminación fecal, lo que explicaría los cerca de 600 a 700 casos anuales de enfermedades gastrointestinales reportados en hospitales de Barichara y Villanueva.

Ante esto, fue interpuesta una acción popular que ya derivó en medidas cautelares por parte del Tribunal Administrativo de Santander, las cuales —según la veeduría— no se han cumplido plenamente.

Respuesta de la administración y limitaciones técnicas

Desde la Alcaldía se reconoce la complejidad del problema, pero se aclara que el agua suministrada en el casco urbano sí recibe tratamiento, aunque enfrenta dificultades debido a condiciones técnicas.

La crisis se agudizó tras dejar de usar la fuente alterna de la represa La Laja, obligando a depender de la represa del Común, cuya agua permaneció estancada durante meses, afectando su calidad.

Además, fallas como el descenso de las mangueras de captación al fondo del embalse provocaron la succión de sedimentos, complicando el proceso de potabilización.

Aunque análisis oficiales no han confirmado presencia de E. coli en el agua tratada, sí se mantiene el nivel de riesgo alto, debido a limitaciones en la planta, que no cuenta con sistema de oxidación suficiente.

Medidas de contingencia y apoyo regional

Como respuesta inmediata, se activó un plan de contingencia que incluye suministro de agua mediante carrotanques, con apoyo del municipio de San Gil y organismos de socorro.

Paralelamente, se adelantan trabajos técnicos como:

  • Mantenimiento de filtros
  • Implementación de sistemas de aireación
  • Ajustes en la captación de agua

Sin embargo, estas son soluciones temporales frente a un problema estructural.

Problemática histórica

El fondo de la crisis es más profundo: Barichara enfrenta desde hace años una limitación estructural en su sistema de acueducto.

Actualmente:

  • La planta trata solo 14 a 15 litros por segundo, cuando se requieren cerca de 28 litros
  • El municipio depende de una única fuente hídrica
  • Se presentan racionamientos constantes

Ante este panorama, la administración local ha formulado proyectos clave:

  • Optimización del acueducto urbano: cerca de $4.500 millones
  • Planta de tratamiento regional en la represa del Común: más de $13.000 millones

Estas iniciativas han sido radicadas ante entidades como el Ministerio de Vivienda y el Plan Departamental de Aguas, pero aún no cuentan con financiación asegurada.

Llamado al Gobierno Nacional

Autoridades locales insisten en que la solución definitiva supera la capacidad financiera del municipio, por lo que hacen un llamado urgente al Gobierno Nacional y departamental.

La crisis del agua en Barichara no solo afecta la salud pública, sino también el turismo y la calidad de vida de sus habitantes, evidenciando la necesidad de una intervención estructural inmediata.