Una familia con raíces en San Gil atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida luego del fuerte terremoto registrado el pasado 10 de agosto, que dejó graves afectaciones en diferentes sectores del occidente y centro del país. El sismo, de magnitud 7,4, tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y provocó daños importantes en ciudades como Pereira, Cali y Manizales.
Entre las familias afectadas se encuentra la de Jenny Gualdrón, cuyos familiares resultaron damnificados en la zona rural de Pereira. Aunque todos lograron salir con vida y no se reportaron afectaciones físicas dentro de su núcleo familiar, las pérdidas materiales fueron prácticamente totales.
Jenny contó que su padre, Pedro Miguel Gualdrón, hermano de quien durante años fue conocido en San Gil como don Chuchito, querido sepulturero del Cementerio Cristo Resucitado, perdió su vivienda y prácticamente todo lo que había en su interior.
La situación también golpeó a sus hermanas. Una de ellas perdió su casa y una pequeña finca donde desarrollaba actividades productivas, mientras que otra enfrenta la necesidad de desalojar su vivienda debido a los daños estructurales ocasionados por el movimiento telúrico.
El panorama es especialmente complejo porque, según el testimonio de la familia, todavía persiste el temor por las réplicas y el deterioro de algunas estructuras que quedaron averiadas. Las autoridades han recomendado evitar el ingreso a edificaciones que presenten daños, precisamente por el riesgo que representan después de un sismo de estas características.
Necesitan ayuda para volver a empezar
Actualmente, las necesidades de esta familia son numerosas. Entre las principales solicitudes se encuentran alimentos, agua potable, elementos de aseo personal, ropa y artículos básicos para los integrantes del hogar, entre ellos una niña de 9 años.
Jenny explicó que en algunos sectores todavía existen dificultades para acceder a servicios como energía eléctrica, agua y gas, mientras la atención de las autoridades se concentra en las zonas con mayores daños y en las labores de emergencia.
Su padre permanece temporalmente en una caseta cercana a la vivienda afectada, mientras otros familiares han tenido que buscar refugio con allegados. La familia intenta recuperar lo poco que pudo salvar, pero reconoce que muchos de los elementos que permanecieron bajo el agua, el polvo y los escombros quedaron inutilizados.
Además de las pérdidas materiales, permanece una profunda carga emocional. El miedo a nuevas réplicas, la incertidumbre y la angustia hacen parte de la vida cotidiana de quienes sobrevivieron al desastre.
La familia asegura que ya ha recibido algunas muestras de solidaridad y agradece especialmente el respaldo de personas de San Gil, pero todavía necesita apoyo para cubrir sus necesidades básicas y comenzar nuevamente.
Una invitación a la solidaridad
Quienes deseen colaborar pueden comunicarse directamente con Jenny Gualdrón al 322 594 1024. También se indicó como punto de recepción la calle 41 # 9 bis-40, en Pereira.
La historia vuelve a recordar que detrás de las cifras de una emergencia existen familias, hogares y proyectos de vida que pueden cambiar en cuestión de segundos. En este caso, una familia que partió de San Gil buscando oportunidades hoy necesita el respaldo de quienes quieran tenderle la mano.
Una ayuda, por pequeña que parezca, puede convertirse en el primer paso para volver a empezar.