El proceso de formulación del POMCA Río Fonce avanza hacia una etapa clave, con la participación de comunidades, autoridades, gremios y diferentes actores relacionados con la protección de la cuenca. El objetivo es construir una hoja de ruta que permita conocer las principales problemáticas del territorio y definir, posteriormente, acciones para su conservación y manejo.
El más reciente encuentro se realizó en San Gil, donde se desarrolló un taller para la construcción de la síntesis ambiental de la cuenca, con participación de actores sociales e institucionales. Durante la jornada también se presentó la experiencia de conservación del Santuario de Flora y Fauna Guanentá Alto Río Fonce, como referente para las estrategias que podrían incorporarse al POMCA.
Yurley Rincón, coordinadora técnica del proceso, explicó que actualmente se está finalizando la fase de diagnóstico. Esta etapa busca establecer cuál es el estado actual de la cuenca en aspectos como calidad y disponibilidad del agua, biodiversidad, áreas protegidas y gestión del riesgo, incluyendo fenómenos como inundaciones, deslizamientos, avenidas torrenciales e incendios forestales.
Uno de los resultados que más llama la atención está relacionado con la calidad del agua. De acuerdo con la información presentada durante el proceso de diagnóstico, ninguno de los puntos monitoreados analizados obtuvo una calificación de calidad considerada buena. La mayoría presentó una condición regular y uno de los puntos, ubicado sobre la quebrada Cementerio, presentó una calidad catalogada como mala.
La situación adquiere especial importancia porque varios de estos cuerpos de agua están relacionados con fuentes utilizadas para el abastecimiento de diferentes municipios de la región.
El diagnóstico también ha incluido el análisis de las transformaciones que ha experimentado la cuenca. En sectores como la unión de los ríos Pienta y Táchira se realizó un estudio multitemporal con fotografías de diferentes décadas para identificar cambios en los cauces y procesos de socavación. Según la consultoría, estos fenómenos pueden estar relacionados con la dinámica natural del río, pero también existiría influencia de actividades humanas como la minería.
Frente a las denuncias de la comunidad sobre maquinaria amarilla, posibles intervenciones y actividades mineras, Rincón explicó que el POMCA se encuentra actualmente en la fase de diagnóstico, por lo que las medidas concretas de manejo serán definidas en las etapas posteriores de prospectiva, zonificación y formulación.
El proceso también busca ampliar la participación de los sectores que tienen relación directa con la cuenca. Sin embargo, la coordinadora técnica señaló que la participación del gremio minero ha sido limitada, pese a que la convocatoria permanece abierta.
En las próximas jornadas se tienen previstos espacios en Charalá, Encino, Mogotes y Ocamonte, además de otros encuentros que se encuentran en proceso de concertación. La intención es que las comunidades puedan aportar información sobre las problemáticas que viven en sus territorios.
Una vez concluya la formulación, el POMCA deberá avanzar hacia su adopción y posteriormente tendrá un periodo de ejecución y seguimiento de 10 años. En este proceso tendrá un papel fundamental el Consejo de Cuenca, integrado por representantes de diferentes sectores, quienes deberán hacer seguimiento al cumplimiento de los programas y proyectos establecidos.
La apuesta ahora es que el diagnóstico no se quede solamente en documentos y reuniones, sino que permita construir acciones concretas para proteger el Río Fonce y sus afluentes.
La cuenca está hablando a través de sus comunidades y de los resultados del diagnóstico. Ahora el reto es convertir esas alertas en decisiones y acciones reales de conservación.