La situación en la carretera nacional que comunica a Bucaramanga con San Gil continúa generando preocupación entre transportadores, viajeros y habitantes de la región, debido al progresivo deterioro que presenta la banca en el kilómetro 58, a la altura del sector de Pescadero.
El avance de la erosión causada por el río Chicamocha mantiene en alerta a quienes transitan diariamente por este importante corredor vial, considerado uno de los principales ejes de conexión entre Santander y el centro del país.
Nuevas denuncias sobre la vía Nacional
La inquietud aumentó luego de que comenzara a circular un video en redes sociales en el que se observa cómo la fractura del pavimento ha seguido extendiéndose.
Las imágenes muestran que la grieta, que inicialmente comprometía uno de los costados de la carretera, ahora avanza hacia el carril contiguo, situación que incrementa el riesgo de una afectación mayor sobre la estructura de la vía y pone en evidencia el deterioro continuo del terreno.
Desde hace varios días el paso vehicular en este tramo permanece restringido a un solo carril como medida preventiva, mientras las autoridades mantienen controles para reducir el riesgo de accidentes.
Sin embargo, quienes utilizan frecuentemente esta carretera consideran que el daño continúa agravándose y que la circulación controlada no resuelve el problema de fondo, ya que la socavación sigue avanzando por efecto de la corriente del río.
El corredor hace parte de la Ruta 45A, una infraestructura estratégica para la movilidad del nororiente colombiano, pues conecta a Bucaramanga con municipios como San Gil y facilita el tránsito hacia Bogotá y otras regiones del territorio nacional.
Cualquier interrupción total del paso tendría repercusiones directas sobre el transporte de pasajeros, el movimiento de carga y la actividad económica de numerosos municipios que dependen de esta vía.
¿Qué dice el gremio transportador?
Representantes del gremio transportador han expresado su preocupación por las condiciones que presenta actualmente el tramo afectado. Durante un recorrido realizado por el sector, uno de los conductores que documentó la emergencia señaló que la abertura del pavimento es cada vez más evidente y pidió a los usuarios conducir con extrema precaución mientras se adoptan soluciones que garanticen la seguridad de quienes transitan por la zona.
Las imágenes difundidas muestran con claridad cómo la superficie de la carretera continúa fracturándose, un fenómeno que, según los transportadores, refleja la pérdida de estabilidad de la banca debido al permanente impacto del río Chicamocha.
Esta situación ha despertado inquietud entre conductores de vehículos particulares, empresas de transporte de carga y buses intermunicipales que diariamente recorren este importante corredor nacional.
Posición voceros ciudadanos
A las advertencias formuladas por los usuarios de la vía también se sumaron voces de control ciudadano. Rodrigo Fernández, veedor en contratación de Santander, manifestó públicamente su preocupación por la ausencia de una intervención definitiva y solicitó que se adopten medidas urgentes para evitar que el deterioro continúe avanzando hasta provocar el colapso total de la carretera.
El veedor cuestionó la respuesta de las autoridades nacionales responsables del mantenimiento del corredor vial y advirtió que la emergencia podría derivar en el aislamiento parcial de la región si no se ejecutan obras de estabilización en el menor tiempo posible. Sus pronunciamientos reavivaron el debate sobre la necesidad de atender con mayor rapidez este tipo de contingencias en las vías nacionales.
De acuerdo con los reportes conocidos, la emergencia se mantiene desde hace cerca de dos semanas, periodo durante el cual la fuerza del río ha continuado erosionando el terreno que sostiene la estructura vial. Aunque el tránsito permanece habilitado bajo estrictas medidas de control, el comportamiento de la grieta mantiene la incertidumbre sobre la capacidad de la carretera para soportar el flujo constante de vehículos.
Expertos y usuarios coinciden en que, si las condiciones del terreno continúan deteriorándose, podrían presentarse restricciones más severas para la circulación. Un eventual cierre total obligaría a implementar desvíos que aumentarían considerablemente los tiempos de desplazamiento, además de generar sobrecostos para el transporte de mercancías y afectar la movilidad de miles de personas que dependen diariamente de esta conexión.
Comunidad en general exige soluciones
Mientras tanto, transportadores, habitantes y distintos sectores de Santander continúan insistiendo en la necesidad de que el Instituto Nacional de Vías adelante una intervención técnica que permita estabilizar la banca, contener el proceso de socavación y garantizar la seguridad de los usuarios. La expectativa se centra en que las acciones preventivas puedan ejecutarse antes de que las condiciones del terreno empeoren de forma irreversible.
La evolución de esta emergencia sigue siendo observada con atención por las comunidades y los gremios del transporte, que consideran indispensable una respuesta oportuna para preservar la conectividad entre Santander y el interior del país.
La estabilidad de este corredor resulta fundamental para la movilidad regional y nacional, por lo que el desarrollo de las obras será determinante para evitar que el deterioro actual desemboque en una afectación de mayores proporciones.